Para los corrompidos e incrédulos nada les es puro; pues hasta su mente y su conciencia están corrompidas. - Tito 1:15.Este es el calificativo que merecen hoy en día muchas conciencias.
Después de que un joven de 21 años de edad hubo robado una bicicleta en el patio de un colegio, al huír se le rompió la cadena. Entonces se dirigió a un almacén de bicicletas para hacer arreglarla. El propietario del negocio reconoció inmediatamente la bicicleta: pertenecía a su hijo. Cuando el joven reconoció su culpa, sólo tuvo una explicación: –¡Me salió mal! Este comentario es el de muchas personas que cometieron un delito y fueron descubiertas. No hay indicio de arrepentimiento.
Entonces surge la pregunta: ¿Por qué tanta gente no se preocupa por su manera de obrar? ¿Por qué su conciencia está tan insensible? Todos sufrimos por la creciente ola de injusticia y violencia.
Se pueden encontrar muchas respuestas a esto: una casa paterna deficiente, la escuela, nuestra época, los medios de comunicación etc., y sin duda aún hay otros motivos. Pero la verdadera y decisiva razón es la falta de relación de los seres humanos con Dios. Cuando para alguien Dios no significa nada en su vida, cuando se le niega y nadie se siente responsable ante él, entonces cada uno puede hacer lo que se le antoja. Este es el problema actual.
Pero el Dios santo está presente y no se le escapa nada. Él ha anunciado su juicio sobre toda injusticia en el mundo, y ciertamente lo ejecutará. Debemos aprender a temerle y a escucharle para hallar la paz con Dios aceptando a Jesús como salvador.
